TODOS DEBERÍAMOS SER BUENOS NARRADORES

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«Te voy a contar una historia». Es escuchar esa frase y la atmósfera cambia. Sabes que serás transportado a otro lugar pero no sabes dónde. Quizá algunos tengáis que hacer un esfuerzo para recordar esa sensación. Tal vez la sentíais cuando, de niños, rogabais un cuento a quien fuera que os arropara en la cama.

Hace poco leí la novela El contador de historias, de Rabih Alameddine. En ella se habla de loshakawatis, auténticos maestros de la narración oral que conseguían mantener la atención de sus oyentes durante varias jornadas en los cafés o residencias privadas donde trabajaban. Las personas adineradas solicitaban sus servicios y, si encontraban uno bueno, hacían lo posible por conservarlo para disfrutar del ambiente mágico que se creaba en torno a sus historias. En muchas culturas encontramos esa figura: los aeda en la antigua Grecia, los skaldvikingos, los seanchaí irlandeses, los bardos celtas, los griotts africanos, los rakugokajaponeses… En la actualidad, en Europa, se trata de un aprendizaje no reglado que suele iniciarse en un entorno amateur. Algunos transmutan en guionistas de cine, por ejemplo, pero también existe la figura del narrador de oficio que tiene su hueco en las agendas de espectáculos. En España tenemos un narrador profesional, Carles García Domingo, que pertenece nada menos que a la octava generación de una familia de narradores. Artistas reconocidos como Darío Fo, Roberto Benigni o El Brujo se despliegan en escena con códigos y fuentes propias de la narración oral.

¿Por qué elegir uno de estos espectáculos en lugar de, por ejemplo, ir al cine, al teatro o a escuchar un monólogo? «Porque es otra cosa. Al cine le añade cercanía y, al monólogo, sentido de la historia. Los espectadores suelen salir sorprendidos por la facilidad con que un buen narrador llega casi a tocarlos, porque la comunicación que se establece es muy directa», explica el narrador Héctor Urién. Y añade: «El narrador oral se expone cuando actúa: es él, sin otra máscara que su cuento. Es vulnerable. En el teatro o el cine el público es transportado al lugar de la historia; en narración es el cuentero el que acude al público para luego llevárselo con él. Eso genera una conexión potentísima y, cuando sale bien, una especie de “querer ir hacia el narrador”». Con esta idea de cercanía coincide también Pep Bruno: «la oralidad tiene una ventaja sobre la lectura, y es la capacidad de contextualizar, de incorporar a quienes escuchan en el discurso. Por eso hay una implicación y una cercanía muy interesantes que facilitan que incluso quienes no han escuchado nunca cuentos en seguida se sientan cómodos haciéndolo».

Otra palabra imprescindible para entender su oficio: «verdad». Según la narradora Eugenia Manzanera, «no deberíamos perder nunca el placer de comunicarnos con historias llenas de mentiras y repletas de grandes verdades. La metáfora agranda al mundo». También se refiere a ello Pep Bruno: «los mejores cuentistas con los que me he topado eran, sobre todo, honestos y respetuosos: con el público, con la historia y con su propia voz. Luego cada uno contaba utilizando sus estrategias, pero todos desde la verdad y el respeto». Nótese aquí cómo los narradores suelen utilizar el verbo «contar» como intransitivo: ellos, simplemente, «cuentan».

La palabra «cuentacuentos» no les convence tanto para definir su profesión. Está más relacionada con los cuentos infantiles, ámbito que ellos abarcan pero al que no se limitan. Eugenia Manzanera nos habla de por qué es enriquecedor para ellos contar a niños. «Los niños se introducen en las historias sin miramientos, directamente, sin pasar por los caminos de la razón sin corazón, de una manera más intuitiva; los niños son co-razón en estado puro. Hay algunos que escuchan mejor que otros. Los adultos que vienen a escuchar cuentos son personas que cuando eran niños ya escuchaban bien». Ese impulso de «ir hacia el narrador» del que hablaba Héctor Urién se acentúa en el caso del público infantil: «los niños no se inhiben y, de hecho, se levantan; puedes acabar con un grupo enorme de ellos sentados a tu alrededor, mirándote embelesados, incluso intentando tocarte de veras. Es maravilloso».

TODOS DEBERÍAMOS SER BUENOS NARRADORES

Los recursos utilizados por los narradores orales pueden servirnos en el ámbito profesional. Al fin y al cabo, estamos hablando de storytelling, tan de moda entre las marcas en la actualidad: «Las empresas tratan de contarnos sus historias como hacen los cuentistas tradicionales. Es una técnica muy efectiva para vender, porque el ser humano lleva miles de años alimentándose de la palabra dicha», explica Bruno. Para la vida personal también es útil ser un poco cuentista: «Hay muchos narradores ingenuos o espontáneos, gente que tiene una habilidad innata para tomar la palabra y ser el centro de atención», asegura el narrador.

Estas son algunas de las habilidades de ese tipo de personas:

– Una curiosidad sin límites hacia todo lo que tenga que ver con el ser humano y sus emociones.

– Una exquisita memoria para retener lo importante, lo que tal vez nos servirá en otra ocasión y que reforzará nuestros argumentos, nuestras historias.

– Técnicas de captación de atención. Lo explica muy bien Héctor Urién: «Todas las aperturas de las obras de Shakespeare son vertiginosas. En guion de cine se dice que una buena película empieza con un terremoto… y de ahí para arriba. Es necesario enganchar rápidamente al espectador. Una vez conseguido eso, el público sigue siendo impaciente, pero no puede despegarse de la historia. Ahí comienza la magia».

– Un magnetismo en nuestras intervenciones que retenga a la audiencia una vez atraída.

– Un respeto infinito por el lenguaje, la voluntad de usar cada palabra con propiedad para que lo transmitido se ajuste lo máximo posible a lo pensado.

– Habilidad para leer la atención del público: para saber si está entendiendo y qué necesita recibir en cada momento.

– La capacidad de escuchar al otro. Según Manzanera, «aunque el cuentista tenga la mala prensa de no cerrar la boca, tiene que escuchar quién está enfrente de él, cuál es la mejor manera de acomodarse a los oídos del respetable». Urién añade: «un buen narrador es un experto captador y escuchante del otro, de sus ritmos, de sus preguntas no planteadas, de su lenguaje corporal». Según Escohotado, es un sabio en las necesidades escénicas momentáneas, que además tiene la palabra precisa lista para que brote en el momento justo. Y Bruno lo resume así: «hay que crear una intimidad en la que cada una de las personas del público se sienta concernida. Contar tiene mucho de dialogar».

– Técnicas generales de exposición oral: estructuración del contenido, gestión de los puntos álgidos del discurso, claridad, etc.

– Una actitud positiva. Eugenia Manzanera, por ejemplo, cuenta que el humor ocupa un gran porcentaje de sus historias: «es una manera de romper con el tabú, de contar situaciones terribles de una manera ligera. Yo soy  cínica como una  bufona, simple como una clown… Mientras lloro mis tristezas o descubro mis mezquindades saco lágrimas y carcajadas  a partes iguales».

Pero la narración también requiere un esfuerzo por parte del oyente. En primer lugar,atención y dedicación plena al momento que está viviendo. «Disfrutan más los que están acostumbrados a escuchar», dice Bruno. «Uno puede dejar de leer y retomarlo más tarde o puede releer cuando no entiende algo, sin embargo, en la escucha no hay posibilidad de relectura ni de descanso, pues el hilo narrativo sigue avanzando». Y, en segundo lugar, calma y paciencia. Porque en la mayoría de los momentos del día vamos demasiado deprisa. «La ficción de las pantallas es una ficción colonizadora (va de fuera hacia adentro), pero la ficción de los cuentos es de las que alimentan (va de dentro hacia afuera: te hace trabajar y hace crecer tu tierra de ficción). La dimensión humana de la vida precisa lentitud, calma, conversación… Es por eso que contar y escuchar cuentos hoy en día se convierte casi en un acto de rebeldía, en una ruptura del ruido, de lo asumido sin cuestionar».

Más información:

AEDA (Asociación de Profesionales de la Narración Oral en España)
Diccionario de narración oral AEDA

POR ISABEL GARZO

Isabel Garzo es periodista, escritora y correctora de estilo.