Adiós miedo y ansiedad. Hola tranquilidad y felicidad.

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Conducir, hablar en público, relacionarse con un grupo de conocidos, apuntarse a un curso  interesantísimo, ir al médico, salir de compras, jugar con los hijos, presentarse a un examen, ligar en una fiesta, estar a gusto en una sobremesa con amigos, ver una película en el cine, montar en metro o tranvía, salir a correr o hacer un viaje de ocio. Se trata de situaciones cotidianas, en las que podría disfrutar y aprender, pero que se convierten en un auténtico reto, incluso martirio, para las personas que sufren ansiedad.

Algunos de los síntomas que acompañan a la persona son sensación de ahogo, asfixia, palpitaciones, sudoración, tensión muscular, sequedad de boca, bloqueos mentales, sensación de irrealidad, estado de confusión, olvida palabras o incluso pierde el hilo de la conversación, le cuesta conciliar el sueño, le invade la apatía y tiene hasta ganas de llorar. Su cabeza es como una lavadora centrifugando. Una idea tras otra, los pensamientos se repiten, se agolpan, le cuestionan, le previenen, le amenazan, le hacen sentir que es una piltrafa y que no es capaz de coger el control de su vida… ¡Basta!¡Ya está bien de Sufrir! ¡Ya no necesitas aguantar más!

Cuando cambias el modo en que ves las cosas, las cosas que ves cambian también”

Wayne Dyer (psicoterapeuta, doctor en psicología por la universidad de Wayne y de Michigan, divulgador y autor de influyentes libros de autoayuda)

Respira, tómate un momento de calma, y lee a continuación cómo ganarle el partido a la ansiedad. Aplicando los siguientes consejos, aprenderás a ponerla a raya.

 TU puede elegir los pensamientos y las emociones que te convertirán en alguien con recursos y capacidades poderosas. No seas una marioneta de tus emociones. Apoderate de tu  poder para elegir y participar activamente en TU Vida.

Cambie el foco de atención.

Tus síntomas no son los protagonistas, el protagonista eres TU. Llega un momento en el que parece el famoso miedo al miedo: solo estás pendiente de cómo se comporta tu cuerpo, de ver la intensidad con la que se manifiestan tus síntomas de ansiedad y cómo condicionan tu vida.

Te autochequeas, escaneas, compruebas tus constantes vitales para decidir si eres apto o no para enfrentarte a según qué situaciones. Todo tu mundo gira en torno a lo que le ocurre por dentro. Cuanto más centres la atención en lo que no deseas que ocurra, más aumenta la probabilidad de que pase. ¿Por qué? Porque le estás dando instrucciones al cerebro para que esté pendiente de cualquier señal de alerta. Has convertido en amenaza, señales que no lo son.

Tu mente ahora está entrenada para buscar palpitaciones, sudoración, ojeras y agobios. Y cuando los detecta, le advierte diciéndole ¡Peligro! La señal va rápida al sistema nervioso simpático, y éste se acelera pensando que tiene que protegerte de la fiera. Te prepara para quedarte completamente inmovil, salir corriendo o luchar con todas tus fuerzas. Y como nadie lucha con ferocidad estando en estado de calma, te activa en todos los sentidos. El corazón late con vigor, tus músculos se tensan, empiezas a sudar y respirar de forma agitada. ¡Ya está!, listo para el combate. La respuesta del sistema nervioso es la lógica, lo que no es lógico es que tu mundo sea tan amenazante. Necesitas dejar de autosabotearte.

Aprenda técnicas de relajación y meditación

¿Has probado el mindfulness? Tu atención debe estar puesta en lo que ocurre a tu alrededor, pero no en lo que falta, sino en lo que lo alimenta. Si estás pasando una buena tarde en compañía de amigos, observa sus caras, entra de lleno en la conversación, saborea el café y las pastas, siente la temperatura y el paisaje. La vida está ocurriendo a tu alrededor. La vida no está en sus respuestas orgánicas. La atención no puede estar en dos temas a la vez. O te fijas en lo mal que estás, o te centras en disfrutar y vivir tu momento. Y si un síntoma da señales, tranquilo, déjelo estar. Pero no hables con él ni le expreses tu temor. Es maravilloso tener síntomas…, !significa que estás vivo!

Háblese en otro idioma

El tipo de vocabulario que más utiliza una persona ansiosa para expresarse es algo así como “tengo miedo, estoy  agobiado, no puedo, y si…, no estoy preparado, quizás en otro momento, tengo temblor, no podré, lo estoy pasando fatal” y un sinfín de expresiones tendentes al pesimismo y con las que se siente inseguro e incapaz. La manera que tienes de pensar y expresarte condiciona tus emociones y tu comportamiento.

Si expresas que hay amenazas, tu sistema nervioso se activa y desencadena la respuesta de ansiedad. Así de fácil, acción-reacción. Necesitas hablarte a tí mismo en otros términos. Llevas tanto tiempo anticipando el fracaso y el peligro, que careces de expresiones y vocabulario adecuado para afrontar las situaciones.  

¿Quién elige los pensamientos que invaden tu mente? Nadie más que TU. Ahora estás acostumbrado a relacionarte con un estilo cognitivo pesimista. Pero puedes sustituirlo por otro que te permita contemplar el mundo sin ese carácter amenazante. Para modificarlo, tendrá que escribir… Ante la situación temida, anota cómo te gustaría enfrentarte a ella y los pensamientos que te podrían ayudar. No evites pensar en ella, solo acéptala. No es peligrosa, solo algo incómoda.

Desenamórate de ella

No de tu pareja, sino de la posesiva ansiedad. Si te das cuenta, te comportas con ella como si hubiera un idilio en plena efervescencia. La observas, la miras, la atiendes, incluso hablas con ella y de ella a todo el mundo. Tu círculo se limita y se alimenta de tu ansiedad. 

Ella decide por ti si puedes hacer algo o no. Le has dado demasiado poder. Mantén un diálogo con autoridad por tu parte, para poner distancia, incluso retando la situación. Cada vez que te observes atemorizado por los síntomas, en lugar de verbalizar “no lo soporto, estoy fatal, así no puedo seguir, no saldré nunca de esto”, diga algo como “qué pesadita eres, todo el día con un síntoma por aquí, otro síntoma por allá. Si no te importa voy a leer, trabajar, correr (etc.), y luego, igual te escucho otra vez. Ahora no es el momento”.

Deje de evitar sus temores

Cada vez que sorteas lo que temes, te sientes relajado, protegido y te conformas en tu zona de comodidad. Pero no es el lugar en el que deseas estar. Ahí no ocurre nada interesante, salvo tener todo bajo control.

Conviértete en un explorador, un aventurero. La vida es para descubrirla, incluso atravesando emociones desa­gradables. Cualquiera que se plantee un reto sabe que habrá momentos de alegría y orgullo y otros de desvanecimiento, pérdida de ilusión, esfuerzo y horas que robarle al sueño.

No esperes encontrarte divinamente para dar un paso al frente. Es más, no va a ocurrir así. Tendrás que salir de tu zona de confort,  de tus rutinas,  con miedos, mareos y palpitaciones. ¿Y sabes que lo que vas a descubrir? Que eres capaz de hacerlo, que no es tan dramático como suponías y que las emociones desagradables no son incompatibles con la vida cotidiana. Cuanto antes te familiarices con ellas, mejor. A Rafa Nadal le gusta jugar al tenis, pero no le debe hacer mucha gracia competir con ampollas en las manos, pero lo hace. Es su firme decisión y un paso necesario para aspirar a ganar.

Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron”

Michel de Montaigne (1533 – 1592  filósofoescritorhumanistamoralista y político francés del Renacimiento,  descendiente de judeoconversoaragoneses)

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2 Comentarios

  1. Más ejercicios para conocernos, aprender a ser felices con lo que somos y menos dependiente de lo que nos rodea ¡sería tan beneficioso!

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